“El reto pendiente es desatar las potencialidades económicas de Venezuela”

Altos índices de inflación, la devaluación de la moneda local y la caída de los precios del petróleo en el mercado mundial, han marcado la economía venezolana en los últimos años.

Si bien en el campo social los avances del país no tienen discusión de ningún tipo, todavía es un reto pendiente desatar las potencialidades económicas de esta nación sudamericana, extremadamente rica en recursos naturales, pero que ha caído en la maldición de depender de un solo renglón: el petróleo.

Los críticos del proceso iniciado por Hugo Chávez en 1999 le achacan al Ejecutivo, liderado actualmente por Nicolás Maduro, ineficiencias para solucionar los problemas económicos en el país con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo.
Sin embargo, muchos analistas obvian la verdadera guerra económica que ha vivido este país desde la llegada de Chávez a Miraflores, la cual no ha hecho más que arreciar desde su muerte.

Para ayudar a entender el panorama, Gran­ma entrevistó al andaluz Alfredo Serrano Man­cilla, Doc­tor en Economía, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, y autor del texto El pensamiento económico de Hugo Chávez.



“El reto pendiente es desatar las potencialidades económicas de Venezuela”

Escrito por Alfredo Serrano Mancilla

—¿Cuál es el reto de la economía venezolana?

—Venezuela afronta en este nuevo ciclo grandes desafíos económicos, tanto en lo coyuntural, como en lo estructural. Desde la llegada de la Revolución Bolivariana liderada por Chávez, Venezuela ha logrado constituir un vigoroso Estado de las Misiones con capacidad efectiva de satisfacer virtuosamente las necesidades básicas y derechos sociales fundamentales para el pueblo, que no tiene que ver con la herencia neoliberal.

“Este Estado de las Misiones es innegociable e irreversible. No se pide permiso ni al capital transnacional ni a los precios del petróleo para sostenerlo. Esa es la gran diferencia respecto a los Estados de Bienestar existentes en otros países europeos.

Este modelo económico socialista es humanista, social y popular, y protege la vida de las personas y su empleo. Además, ha conseguido en poco tiempo reinsertarse en forma más soberana en el sistema mundo, con una clara apuesta por un nuevo Consenso Bolivariano frente al viejo Con­senso de Washington y además tiene relaciones privilegiadas en este nuevo mundo multipolar.

“El nuevo modelo económico bolivariano ha logrado reapropiarse de la renta petrolera en origen, la ha recuperado y puesto al servicio de la mayoría social. Y ahora, en la próxima década —que bien podríamos llamarla nueva década en disputa, tras la década ganada—, el desafío está en gestionar, bajo el modelo socialista, la nueva renta petrolera en manos de los venezolanos y del Estado.

“Para ello es preciso afrontar el rentismo importador del siglo XXI que afecta a Vene­zuela y a otros países de América Latina y que es en gran medida el mecanismo usado por una burguesía importadora para hacer la guerra económica contra el pueblo venezolano, con inflación y desabastecimiento forzado.

“Ahí está el gran reto del modelo económico socialista: sustituir ese metabolismo social del capital que todavía tiene protagonismo en el funcionamiento de la economía venezo­lana.

“Esto solo se puede lograr con un nuevo modelo productivo que promueva bienes bá­sicos y otros muy demandados por los venezolanos. Se democratizaron las pautas de consumo y ahora es preciso democratizar el aparato productivo. Ello es clave: producir nuevos bienes pero también con nuevos productores y nuevas formas de producción que eviten ese metabolismo del capital.

“Esa es la clave para afrontar las urgencias coyunturales pero también para seguir avanzando en forma irreversible por la senda de las transformaciones estructurales hacia un modelo socialista bolivariano del siglo XXI.

“Indudablemente, también se precisa afrontar el reto importador de aquello que todavía no se pueda producir por la vía de una agencia pública importadora que rompa el poder de mercado de la burguesía importa­dora”.

—¿Puede salirse de esa dependencia petrolera? ¿Cómo podría hacerlo?

—El objetivo no es por el momento salir de la dependencia petrolera sino más bien usar la renta petrolera para ir construyendo cimientos en el largo plazo, para así disponer de otras formas de insertarse económicamente en el mundo.

“No es tarea fácil ni inmediata y más si se tiene en cuenta que la deuda social heredada del neoliberalismo exigía destinar mucha renta petrolera a solventarla para que los venezolanos pudieran disfrutar de educación, sanidad, vivienda digna, etc.

Por ello, lo primero fue reapropiarse de la renta petrolera y destinarla al pueblo y lo siguiente fue buscar la manera de ir dependiendo cada vez menos de la misma. Por ello, la gran revolución productiva es clave en esta tarea, de ello dependerá ir dejando atrás la subordinación del sector petrolero.

“Venezuela tiene grandes potencialidades sobre las cuales edificar el modelo económico productivo en los próximos años. En este sentido, es importante considerar la fortaleza y capacidad multiplicativa que tienen todas las compras públicas que el Estado venezolano realiza hoy. Por ejemplo, existe alrededor de un 10 % del PIB que genera el Estado solo en políticas de compras públicas; esta es una oportunidad para reimpulsar la actividad económica dentro del país. Aquí el mercado interno es una garantía que debe ser aprovechada para ir saliendo de cierta dependencia petrolera en el mediano plazo”.

—¿Las políticas sociales implementadas por la Revolución Bolivariana estuvieron aparejadas al crecimiento económico?

—En Venezuela las políticas sociales se enmarcan en una nueva concepción de Es­tado: el Estado de las Misiones que garantizan los derechos sociales para todos los venezolanos, sin exclusiones. Esta nueva forma de afrontar la política social vía Estado de las Misiones no depende del crecimiento económico. Así se ha demostrado en el año 2014 que con la caída del PIB, las políticas sociales siguieron adelante. Algo similar ocurrió en el año 2009. La Revolución Bolivariana ha de­mostrado que los derechos sociales no pueden depender de la tasa de crecimiento económico.

Precisamente, esta relación entre Política Social y Crecimiento Económico ha de ser planteada al revés, esto es, el Estado de las Misiones ha de servir como motor del crecimiento económico.

—¿Hasta qué punto incide la guerra económica que enfrenta el Ejecutivo en ese y otros sectores?

—La guerra económica es un hecho real, tanto político como económico. Después de más de 15 años de Revolución Bolivariana, la oposición no ha sabido encontrar la vía política y electoral para ganar. Los candidatos de la vieja partidocracia no pudieron vencer. Tam­poco Capriles, una suerte de candidato aparentemente neutral, y sin confrontar demasiado, asumiendo que el sentido común proviene de un nuevo campo político ajeno al neoliberalismo. No han podido convencer a la mayoría social de otro modelo político y económico.

“Ante tal escenario, la guerra económica es una vía efectiva para buscar erosionar al proceso revolucionario, y esta es puesta en práctica por actores económicos y políticos, nacionales e internacionales, aprovechándose de un metabolismo social del capital que no acaba de desaparecer. Precisamente, el rentismo importador del siglo XXI es un mecanismo económico utilizado por la burguesía para practicar una guerra económica vía precios, vía desabastecimientos, etc.

“Alertaba Mészáros (filósofo marxista de origen húngaro) de la presencia del sistema del capital poscapitalista en cualquier proceso de transición al socialismo. Es como un inquilino (capitalista) que no se va de la casa a pesar que esta sea organizada en forma socialista porque así lo ha decidido mayoritariamente su pueblo. El inquilino capitalista se reubica, se reacomoda, y ahora anda buscando como reapropiarse de la renta en destino vía precios. Ahí está la clave estructural de esta guerra económica, y que claramente tiene efectos concretos que pretenden desestabilizar, erosionar y desgastar al Gobierno para ganar de esta forma lo que no pueden cuando el juego es limpio.

—Venezuela ha implementado políticas propias de un sistema socialista en una sociedad capitalista, ¿qué tipo de distorsiones se pueden generar?

—Son las contradicciones propias de un proceso de cambio. Las tensiones aparecen cuando se procura modificar una vieja estructura por otra. Hay que considerarlas como tal. Son las contradicciones y tensiones creativas de cualquier proceso de cambio y son fruto del desafío de buscar un modelo económico socialista contrahegemónico al orden económico mundial que imperó en Venezuela durante décadas.

“De hecho, este es otro desafío para la próxima década en disputa tanto en Venezuela como en América latina: identificar y superar las contradicciones y tensiones que se van generando en el proceso de cambio, y también aquellas secundarias que surgen de confrontar a un enemigo histórico que también cambia (en lo táctico y en lo estratégico).

Una de las claves está en caracterizar me­jor cada momento histórico, identificando las nuevas preguntas que van surgiendo en cada proceso para buscar las mejores nuevas respuestas. Seguir dando respuestas del pasado a nuevas preguntas sería un error histórico; es por ello que las contradicciones deben ser iden­tificadas, asumidas, y buscar las maneras de afrontarlas siempre a favor de la mayoría social latinoamericana”.

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